El fallo condenatorio de la ginecóloga que le causó la muerte a su hijo de dos años y medio, cuando lo dejó seis horas encerrado en su vehículo, resulta aleccionador, justo y necesario. La juez no solo ha decidido conforme a Derecho, sino a la justicia y a la razón sencilla. Como bien dijo, no podemos tolerar la negligencia que causa muerte excusándola por el ajetreo o las complicaciones de la vida cotidiana. Se puede entender el olvido momentáneo de una cosa; nunca el prolongado de una criatura, sobre todo si es propia.
El derecho penal tiene una función legítimamente disuasiva. El castigo tiene que servir para sancionar al culpable y, a la vez, advertir a los demás que la conducta en cuestión es punible y no será pasada por alto. En casos anteriores no se aquilató adecuadamente el valor de la vida del menor, y primó la condescendencia con el padre o la madre criminalmente descuidado, dejándolos al remordimiento íntimo que los acompañará el resto de sus vidas. Evidentemente, eso no ha sido suficiente, y los «incidentes desgraciados» se han tornado en moda.
Temo, sin embargo, que la sentencia que se imponga sea suspendida. Sería un error. El castigo verdaderamente ejemplarizante tiene que incluir algún tiempo en reclusión, para que cale bien hondo en la conciencia de esta madre y de los demás padres y madres de este país.
Derecho y escritura
domingo, 27 de mayo de 2012
sábado, 26 de mayo de 2012
Por el ojo de la cerradura
Cuando leí el siguiente titular, pensé que se trataba de otro escándalo sexual de los que nos tiene acostumbrados la Iglesia Católica: «Arrestan por fisgón al mayordomo del Papa». Ya me imaginaba al individuo espiando a las monjitas vaticanas en sus abluciones matinales o algo así. Pero, se trata de algo más pedestre y menos excitante. El individuo ha sustraído unos documentos «secretos» del Vaticano, y se los ha llevado para su casa. (Algo muy comprometedor habrá en ellos, estoy seguro.)
Me parece que el titular da lugar a este equívoco, pues, aunque «fisgón» es una persona que husmea, lo cierto es que su acepción más conocida y aceptada es la de quien espía a otros, sobre todo en una situación sexual. Para decirlo en puertorriqueño: un «ligón». Claro, es posible que el mayordomo de Ratzinger haya estado fisgoneando detrás de las pesadas cortinas de los apartamentos papales, y haya oído o visto algo que le motivara a apoderarse de esos documentos.
Que, con lo deprestigiado que está el Vaticano, no hay que dudar nada...
Me parece que el titular da lugar a este equívoco, pues, aunque «fisgón» es una persona que husmea, lo cierto es que su acepción más conocida y aceptada es la de quien espía a otros, sobre todo en una situación sexual. Para decirlo en puertorriqueño: un «ligón». Claro, es posible que el mayordomo de Ratzinger haya estado fisgoneando detrás de las pesadas cortinas de los apartamentos papales, y haya oído o visto algo que le motivara a apoderarse de esos documentos.
Que, con lo deprestigiado que está el Vaticano, no hay que dudar nada...
viernes, 25 de mayo de 2012
¡No hay Derecho!
El informe de Amnistía Internacional sobre el año pasado en Puerto Rico confirma lo que el país entero sabe porque lo padece: los derechos civiles y humanos están en precario, a causa de un gobierno fascistoide. Un estado de derecho vulnerado por prácticas de corte totalitario impulsadas desde el Poder Legislativo, con la anuencia de un Ejecutivo pusilánime y un Poder Judicial secuestrado a todos los niveles por el partido de gobierno nos han cambiado las reglas de juego democrático y liberal, dando paso a la persecución y la represión más o menos descarnadas. Con algunos matices, vivimos un estado policiaco, con un barniz cada vez más tenue de legitimidad. Se manipula la legalidad para validar el atropello y el menoscabo de derechos individuales y colectivos de quienes osen afirmarlos. Se legisla la sinrazón, se la pone en práctica y se sostiene en los tribunales y foros administrativos. La derecha tiene todas las sartenes, con sus respectivos mangos.
Y, como denuncia AI, los «sartenazos» son la orden del día en nuestro país.
Y, como denuncia AI, los «sartenazos» son la orden del día en nuestro país.
jueves, 24 de mayo de 2012
Torpeza cerebral
Nuestro conocimiento del español se empobrece cada vez más. Ahora resulta que tenemos que recurrir al inglés para nombrar condiciones de salud o enfermedades que han existido toda la vida.
En un anuncio de una institución hospitalaria, se lee: «Un derrame cerebral o "stroke" es una emergencia médica...». Debemos suponer que el hospital piensa que, si no incluye el término en inglés, no sabremos qué es el «derrame cerebral». Y, como lo desconocemos, creen necesario informarnos que se trata de una «emergencia médica».
¡Por Dios!
En un anuncio de una institución hospitalaria, se lee: «Un derrame cerebral o "stroke" es una emergencia médica...». Debemos suponer que el hospital piensa que, si no incluye el término en inglés, no sabremos qué es el «derrame cerebral». Y, como lo desconocemos, creen necesario informarnos que se trata de una «emergencia médica».
¡Por Dios!
miércoles, 23 de mayo de 2012
Hay que poner el dedo en el dique
Desde hace un par de años se discute en Holanda el caso de un miembro del Parlamento y dirigente político de extrema derecha acusado de cometer «crímenes de odio» contra los musulmanes, por expresiones xenofóbicas en su contra. La defensa ha estado basada en el derecho general a la libre expresión, amén del que cobija la de índole política. El asunto ha dado lugar a fallos contradictorios e incongruentes en las distintas instancias judiciales por las que ha pasado, inclinándose algunas veces por una lectura muy liberal del derecho a la expresión, y otras valorando más el daño al grupo objeto de la inquina.
Estas controversias se suscitan con cierta frecuencia en varios países, en los cuales, incluso, se ha legislado para prohibir manifestaciones públicas ofensivas a grupos étnicos, raciales o religiosos. Ocurre que hay quienes encubren su odio con el manto respetable del derecho a la expresión libre. Pero, no puede ser legítima una prédica que, aunque no incite a la violencia explícitamente, lo haga implícitamente. Cuando se le adjudican todos los males sociales a cierto grupo, es claro que hay un llamado a que se actúe para eliminarlo: «Muerto el perro...». Así empezó Hitler en 1933, y sabemos cómo acabó.
El Derecho no puede interpretarse de espaldas a la realidad, como si fuera un ejercicio de salón de clase. Esperemos que el Poder Judicial holandés haya aprendido esta lección.
Estas controversias se suscitan con cierta frecuencia en varios países, en los cuales, incluso, se ha legislado para prohibir manifestaciones públicas ofensivas a grupos étnicos, raciales o religiosos. Ocurre que hay quienes encubren su odio con el manto respetable del derecho a la expresión libre. Pero, no puede ser legítima una prédica que, aunque no incite a la violencia explícitamente, lo haga implícitamente. Cuando se le adjudican todos los males sociales a cierto grupo, es claro que hay un llamado a que se actúe para eliminarlo: «Muerto el perro...». Así empezó Hitler en 1933, y sabemos cómo acabó.
El Derecho no puede interpretarse de espaldas a la realidad, como si fuera un ejercicio de salón de clase. Esperemos que el Poder Judicial holandés haya aprendido esta lección.
martes, 22 de mayo de 2012
¡Hombre, que no es menos la cura!
Como saben, aunque esté de vacaciones, mi ojo de editor nunca lo está. Hace unos días, en el Museo del Prado, bajo el cuadro de Rubens que representa al apóstol Santiago el menor, en la versión en inglés de la identificación de la pintura se leía James the Less. ¡Increíble pero cierto! Que un error así ocurra en una institución cultural de ese prestigio es imperdonable. Resulta inaceptable que El Prado no cuente con los recursos para asegurarse de que la versión en otro idioma de la información que se brinda al público sea correcta. Lo que debió decir el rotulito es, por supuesto, James the Young.
Claro, cuando El Prado da una metida de pata así, entonces no nos debe sorprender leer en una vitrina de un restaurante malagueño "ham cure" entre sus suculentos ofrecimientos. Como está dicho, se trataría de la «cura del jamón», que algo tiene de cierta, pues ese jamón cura el hambre. Por si alguien no se ha enterado, es cured ham.
Lo repito: si se quiere dar la información en inglés, pues muy bien, pero, si no se conoce bien el idioma, hay que buscar ayuda, para evitar dislates embarazosos como éstos.
Claro, cuando El Prado da una metida de pata así, entonces no nos debe sorprender leer en una vitrina de un restaurante malagueño "ham cure" entre sus suculentos ofrecimientos. Como está dicho, se trataría de la «cura del jamón», que algo tiene de cierta, pues ese jamón cura el hambre. Por si alguien no se ha enterado, es cured ham.
Lo repito: si se quiere dar la información en inglés, pues muy bien, pero, si no se conoce bien el idioma, hay que buscar ayuda, para evitar dislates embarazosos como éstos.
domingo, 6 de mayo de 2012
Derecho torcido
En una muestra más de que el sistema judicial de Estados Unidos está fundamentalmente al servicio de la política, sobre todo en asuntos de «seguridad nacional», el Tribunal Federal de Apelaciones para el Noveno Circuito le ha reconocido inmunidad parcial al abogado del Departamento de Justicia que justificó oficialmente la tortura en aquellos años inmediatos luego del 11 de septiembre de 2001. Dentro del contexto del pleito incoado por el puertorriqueño José Padilla y su madre, ese tribunal ha tenido la desfachatez de resolver que, para esa época, no estaba del todo claro que lo que se le hizo a Padilla constituyera tortura, y que, por lo tanto, la opinión que avaló ese proceder no era del todo incorrecta ni es base para fijar responsabilidad civil.
Basta, sin embargo, leer el recuento que la opinión del tribunal hace del trato que se dio a Padilla durante tres años y medio de cautiverio, para apreciar su tortura. Y para darse cuenta de lo torcido y tortuoso del «razonamiento» jurídico de esta disparatada decisión.
(Tomo un descanso hasta el 22 de mayo.)
Basta, sin embargo, leer el recuento que la opinión del tribunal hace del trato que se dio a Padilla durante tres años y medio de cautiverio, para apreciar su tortura. Y para darse cuenta de lo torcido y tortuoso del «razonamiento» jurídico de esta disparatada decisión.
(Tomo un descanso hasta el 22 de mayo.)
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